Jorge S.
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El Santuario de la Virgen de la Roca es una iglesia católica romana de estilo mudéjar ubicada en una colina sobre la ciudad de Calatayud, región de Aragón. Todavía se escucha el resonar de los bombos, el tañido del Campanico y el eco de los gozos elevados a San Roque, cuando la ciudad bilbilitana se dispone a celebrar sus fiestas mayores dedicadas a la Estrella que brilla radiante y hermosa en Calatayud. Ferias y Fiestas en honor de la patrona, Nuestra Señora la Virgen de la Peña. Cuenta la tradición que en 1120, poco después de que el rey de Aragón Alfonso I el Batallador entrase victorioso con sus tropas en Calatayud se encontró prodigiosamente una antigua efigie de la Virgen María llamada, por el lugar de su hallazgo, Nuestra Señora de la Peña, imagen que habría sido escondida por los bilbilitanos, siglos antes, entre las fragosidades del monte, ante el temor fundado de que fuese a caer en manos infieles.
Se creyó advertir entre las gentes que una estrella rutilaba cada noche sobre el paraje agreste. Señalaba la pista para descifrar un gran misterio. Al cavar en el montículo apareció, en el hueco de una campana, una talla de la Virgen: de tez morena, hierática, sedente, de larga cara y ancha mano, con el Niño Jesús sentado sobre el borde de su rodilla izquierda, en actitud de bendecir con la diestra y de mostrar con la otra el Evangelio.
La alegría popular por tan feliz suceso alcanzó los más altos grados de entusiasmo y fue celebrado con rezos, cantos, flores, versos, promesas, romerías, procesiones y dádivas generosas para alzar un templo votivo en donde rendir culto perpetuo a la que desde entonces viene siendo PATRONA, REINA Y MADRE DE CALATAYUD.
Hay constancia de que la parroquia de la Peña, modesta fábrica de tipo religioso, existía antes de 1180 sobre el altozano de la aparición. Con el tiempo fue elevada a la condición de colegial, servida por numeroso cabildo, dotada de importantes bienes patrimoniales y ampliada varias veces, resultando una bonita y devota iglesia, de estilo gótico con reminiscencias mudéjares.
Con la Guerra de los Pedros sufrió la fábrica grandes daños. Enormes bolas de piedra, lanzadas desde el campamento castellano, demolieron en buena parte la cubierta, bóvedas y muros adyacentes. Con todo, el triunfo definitivo de las armas de Aragón, muy inferiores a las de Castilla, despertó en los sobrevivientes el arrebato de la victoria, y el vecindario se apresuró a reparar los desperfectos y decidió subir todos los años a la casa de la Virgen para celebrar fiesta de acción de gracias los primeros días del mes de septiembre. El heroísmo derrochado entonces por Calatayud en defensa de su independencia y su fidelidad a la Corona, le mereció justamente el título de ciudad. En 1827, restablecida la paz, regresó jubilosa a su casa y desde 1838, año en que marchó la comunidad de clérigos Menores, fue la Esclavitud la que hizo frente a los acontecimientos, ya que Calatayud sufrió epidemias y calamidades que causaron bajadas y subidas de la imagen de la Virgen, pero siempre cuidando de la capellanía, de la celebración anual de la novena y demás solemnidades. Y así gozó la casa solariega de la Virgen de una era de paz y sosiego hasta los acontecimientos ocurridos la madrugada del 9 de diciembre de 1933 en que fue incendiada, dejando el templo en unas condiciones de verdadera ruina y el altar, el camarín y la antiquísima imagen de nuestra patrona reducidos a cenizas. De nuevo en Calatayud se aunaron los esfuerzos de todas las clases sociales y se dispusieron a contener las cicatrices del templo y a construir una nueva imagen réplica de la desaparecida. Imagen que es visitada en su coqueto santuario diariamente por los devotos y que, cada 28 de agosto, los bilbilitanos recogen y acompañan a la colegiata de Santa María (estos últimos años, a causa de las obras en la colegial, a la iglesia de San Pedro de los Francos) para dar comienzo a la novena y tenerla cerca durante las fiestas solemnes que nos ocupan.